Jesús García Quijano nació en 1875 en el seno de una familia de labradores de Viduerna de la Peña, a la ribera del río Valdavia, en plena Montaña Palentina.
Con apenas 22 años tuvo dejar en el pueblo a su novia Inés y sustituir a su hermano Venancio en el reclutamiento para la guerra con los Estados Unidos, que acabaría convirtiéndose en el final del imperio español. La redención del servicio militar en ultramar costaba entonces nada menos que 2.000 pesetas.
Jesús ascendió a cabo del Ejército español y fue destinado a Filipinas, al Batallón Expedicionario de Cazadores número 2, para sofocar la insurrección en Luzón. Tras la tregua de Biac-nabac-tó, el gobierno de Madrid decidió sustituir a los 400 hombres del mayor Génova, estacionados en Baler, por el destacamento de 50 hombres bajo mando de Juan Alonso Zayas.
El cabo García Quijano embarca en Manila rumbo a Baler –la comunicación por tierra era prácticamente inexistente- a principios de 1898. Desde su llegada en febrero hasta finales de junio el destacamento tiene ratos de tranquilidad, pero el 30 de junio, durante una patrulla rutinaria, García Quijano cae en una emboscada de los insurgentes tagalos y resulta herido de bala en el pie izquierdo.
Esa bala, que le dejaría cojo de por vida, derrama la primera sangre del legendario sitio a la iglesia de Baler. No podían aún imaginar los soldados españoles lo que les esperaba, entre esas cuatro paredes, durante los siguientes 337 días.
Concluido el sitio, en un final sin precedentes en la historiografía militar moderna por la duración del asedio y por la reacción del vencedor hacia el vencido, los 33 supervivientes embarcan el 28 de julio de 1899 en el puerto de Manila y llegan a Barcelona el 1 de septiembre. Traumatizados y dispersos por la geografía española, los últimos de Baler no volverían a reunirse nunca más.
Una vez de vuelta en Palencia, donde ya nadie (salvo quizá Inés) le esperaba con vida, retoma el trabajo de labrador y el recorrido burocrático por la administración para reclamar su pensión de invalidez. Se cartea con Marcelo Adrián, Emilio Fabregat y otros supervivientes.
Finalmente, en 1908, obtienen una pensión vitalicia de apenas 60 pesetas. Casado con Inés, traen al mundo cuatro niños y dos niñas, a quienes llaman Fortunato, Ceferino, Justino, Natividad, Juan y Candelas. Tanto a Inés como a sus hijos, vecinos y nietos les hablaba a veces de Baler. “Aunque desconocido aún, aquello es parte de la Historia”, advertía.
Durante la Guerra Civil, un avión que sobrevolaba su pueblo confundió el carro de vacas con el que Jesús y varios familiares trabajaban con un cañón de artillería. Lanzó una bomba que segó tres vidas y dejó muy malherido y casi inválido al ya entonces abuelo Chus.
Unos años más tarde, en 1945, se estrenó el largometraje ‘Los últimos de Filipinas’ como “documento de interés nacional”. Chus no fue invitado al estreno y, postrado en una cama sin apenas poder moverse, muere dos años después. Fue enterrado en el pequeño cementerio parroquial de Viduerna.
De los 33 de Baler, sólo 13 sobrevivieron a la Guerra Civil española (1936-1939). Cuando tiene lugar el estreno de la célebre película vivían aún ocho soldados, si bien el régimen benefició sólo a tres de ellos con el grado de teniente honorario.
En 1998, por iniciativa familiar, se celebró un homenaje en el primer centenario del sitio de Baler con una placa del Ayuntamiento en la casa natal, desde entonces ubicada en la Plaza Jesús García Quijano. También lleva su nombre la asociación de vecinos del pueblo.
En 2005, Viduerna de la Peña se hermanó con el municipio de Baler e inauguró el Monumento a la Concordia Universal. Un año después, la Diputación de Palencia tomó el testigo y selló su hermandad con la Diputación de la provincia de Aurora, cuya capital es Baler.
Tanto la gobernadora Bellaflor Angara como el senador Edgardo Angara (promotores de la ley de Amistad Hispano-Filipina) han sido nombrados hijos adoptivos del municipio de Santibáñez de la Peña. Ambos son descendientes de uno de los sitiadores tagalos que murió durante un asalto.
Al gesto también ha respondido Baler, acogiéndonos como hijos del municipio junto al nieto del médico del batallón, Rogelio Vigil de Quiñones. La Historia, como decía Chus, algún día será historia. Afortunadamente, siempre nos quedará Baler.
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Jesús Valbuena García, bisnieto
Diciembre de 2009
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7 de diciembre de 2009 -
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